“[...], el coronel Aureliano Buendía apenas si
comprendió que el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto
honrado con la soledad…”(100 años de soldad)
¿Será entonces que he vivido una especie de vejez desde mi
infancia?, platico con fantasmas, que silenciosamente me escuchan, escucho una
música en mi cabeza que no cesa nunca...
Llego a
casa tarde, no presto atención alguna al entrar pues sé que en ese momento no
hay nadie; me preparo con religiosidad mi café, no me lo perdería, es cuando
siento una presencia y volteo hacia la sala, no me altero al verla y sin
embargo no la conozco pero al mismo tiempo me es familiar, me acerco hacia ella
con mi taza de café en la mano y me siento en el sofá junto a ella, suavemente doy
un sorbo a mi café y le digo: ¿Cómo has estado? Sin esperar respuesta prosigo, pero…¿quién
eres? Con voz serena y melodiosa lo único que alcanzó a decirme fue, recuerda…estás
solo...y desapareció.
Cierto es que dejé de verla, pero sentía aún su presencia...sabía que estaba ahí.
Cierto es que dejé de verla, pero sentía aún su presencia...sabía que estaba ahí.
