Noviembre 2021
Juanito, como cada año, se
encuentra listo para el viaje, va a visitar a sus papas. Siempre con cierto
aire de nostalgia y temor, no los conoció bien, se fue con los abuelos desde
muy chico, a los 7 años, los escucha decir. A él le da gracia eso, siete años…
¿A qué se referirán con eso? Para Juanito el tiempo no corre. Siempre
acompañado de su perro; escaso de pelo, de trompa larga y algunos risos que
forman un tupé en medio de las orejas, nunca ladra solo emite algunos chillidos
como una especie de aullidos, pero nada más, eso sí siempre expectante para
cuidarlo en sus aventuras.
En el viaje va con varias
familias, muchas de ellas solo las ve precisamente en la peregrinación anual,
sus abuelos se ponen alegres al ver a los viejos amigos, a él le aburren las
charlas de adultos pero se entretiene durante el trayecto con las luces que
han puesto en el camino, luces que le hacen recordar otros tiempos, evoca
aromas, juegos, amigos. Todo el camino iluminado parece un cielo plagado de
estrellas y que como marinero en alta mar lo van guiando a su destino, una leve
bruma como de millones de sahumerios acompañados de aromas de especias y flores
se posa sobre el camino augurando un viaje tranquilo. Más adelante se observa una
suerte de fuego dorado, un océano de flores sobre el cual revolotean como
mariposas millones de papeles multicolores aportando un hermoso espectáculo al
paisaje, señal que su destino está cerca.
Finalmente llegan a la casa de
sus papás, no ha cambiado mucho desde la última vez que la visitó, un nuevo jardín
al fondo, dónde se encontraba el viejo taller del abuelo, y el frente
ha sido pintado de un amarillo brillante en vez del blanco aburrido que solía
tener, son todos los cambios, el cuarto donde dormía está intacto.
--- ¡Juanito! --- gritan sus abuelos---
Su perro meneando la cola le
hace saber que lo buscan, pero se toma su tiempo recorriendo la casa, observa
sus viejos juguetes, su trompo y su bote de canicas le hacen sentir una cascada
de alegres recuerdos que solo en este viaje logra rememorar y abstraerlo de su
feliz estancia con sus abuelos. Regresa y observa que la mesa está puesta,
dulces para el y su comida favorita, chocolate de molinillo, pan dulce, la coquita
para la abuela no podía faltar y el “caballito” de tequila para Don Melquiades,
su abuelo. Observa las viejas fotografías y todo lo hace feliz. Corre por toda
la casa con su fiel Xolo y mira contento a sus papás y por extraños sortilegios
logra en sueños charlar con ellos. Ya cerca de la alborada sus abuelos lo instan a despedirse, ve tristes a sus padres y no entiende el por qué, pues él
es feliz y ellos deberían serlo también. Corre a los brazos de su abuelo.
--- Abuelito Mel, ¿Por qué están tristes papá
y mamá? No entiendo, ellos siempre me dijeron que estaría muy feliz con ustedes
y es verdad. --- Don Melquiades, con ese aire de sabiduría que solo los abuelos
pueden tener, se quita su viejo y ajado sombreo, lo mira con sus oscuros ojos, y
le dice:
---Así son las personas en este mundo, se aferran a su fugaz
existencia y tratan de convencerse ellos mismos que al dejarlo se estará mejor,
pero no se atreven a aceptar que eso pasará y que efectivamente al ser parte de
la creación deben cumplir con un insondable destino, pero al no entenderlo
tienen miedo y lloran por los que nos hemos ido, más por egoísmo y por no saber
lo que ocurre después. Creen que nos vamos, pero mientras nos lleven en su
mente y su corazón aquí estaremos acompañándolos siempre, deben aprender a
recordarnos alegres por que fuimos felices y si lo fuimos entonces lo somos ahora y
siempre en cada recuerdo que emane de su alma.
Despunta el alba y la
peregrinación regresa de donde insondablemente emana, del recuerdo de las
gentes que los ama.