Les comparto algo que me sucedió
leyendo, por fin terminé el libro de los hermanos Karamázov y tomé dos libros
de cuentos que apenas inicié, pero siempre leo algo de poesía entre lecturas y
surgió esto que les comparto.
Hace unos días, leyendo un poema
de José Emilio Pacheco, vi una frase que me causó una fuerte impresión. Así es
esto de la lectura, surgen voces, fantasmas, impresiones o reflejos de dónde
menos lo espera uno. En ocasiones son reconocimientos de nuestra propia alma,
en otras, fracasos o deseos insatisfechos, ¡que se yo!, tantos sentimientos o
proyecciones de nuestros propios intereses y quereres, anhelos, escapes, todo
un mundo de sentimientos y pensamientos por los que finalmente podemos
reconocernos, a través de los pensamientos y acciones de los personajes que leemos, una vida a la que
podemos finalmente, aunque sea de manera imaginaria, ofrecer una solución que no somos capaces de darle en
la realidad y nos libera, o en ocasiones, solo nos pone a pensar, que es lo
único que podemos hacer cuando se llevan tantas cosas dentro y no sabemos cómo
sacarlas.
En fin, como dice Pacheco:
“Bajo el calor el vaporoso
río
Iba siempre en camino al no
volver”
Y mi
pensamiento se encendió y no he podido apagarlo