“Las personas no cambian”, dice el Dr. House, ese personaje televisivo que me encanta.
Que me haya venido a la memoria esta
frase no es una coincidencia; hace un par de semanas mi laptop, como
presintiendo los azotes de viernes santo, expiró, ya no quiso prender, solo
aparecía en pantalla un color azul como indicación de error fatal. Pues bien,
también con visos de pascua resucitó, con un cambio de disco duro quedó como
nueva. Debido a lo anterior me puse a revisar la información que tenia tanto la
laptop como el mi disco duro externo para revisar qué tanto puedo respaldar y
depurar toda la información; en este viaje al pasado cibernético de mi equipo
encontré además de foto viejas, documentos inútiles, libros en PDF que nunca
leeré, música que desde que la descargué no he escuchado y escritos que ya
había olvidado que escribí. Hubo uno del 2011 que llamó mi atención, lo que me
llevó a escribirlo no lo recuerdo, pero salta a la vista un cambio de
pensamiento en mí, lo curioso es que sigo estando de acuerdo en la premisa
principal del escrito, lo que me resulta extraño son los argumentos con los que
defiendo la premisa, ya no son los mismos que utilizaría hoy, esos viejos
argumentos me resultan con sesgo religioso y crédulo, no los usaría hoy, pero
sigo estando de acuerdo con la premisa, no cambié solo “evolucionó” mi forma de
ver el asunto, pero el resultado es la misma convicción, ¿Cambié? O únicamente
estoy viendo la misma imagen a través de un cristal diferente…Seguramente, tal
y como dice el Dr. House, las personas no cambian, solo sus perspectivas a través
del cual ven la vida, cada día que pasa se nos va coloreando el cristal con que
la vemos y nos parece que cambiamos, pero no… seguimos siendo los mismos, es
nuestra naturaleza y ante ella la intrínseca personalidad con la que la misma
nos crea.
Somos los mismos de siempre.