Me levanto presuroso; se hace
tarde, la fila de autos en la calzada es larga, todos tienen prisa, los observo
y da la impresión que creen
vehementemente que el mundo gira alrededor de su tiempo, los demás no
importamos.
Llego a la oficina y vuelve el
frenesí, me entrego al ritual del que hacer, rutina esclavizante que engullo para olvidar mi existencia, trato de hacer mi
trabajo y recibo el oprobio del prójimo por hacerlo. Finalmente logro
sobrevivir las horas de la jornada y regreso a casa, cansado, abatido, con un
dejo de satisfacción y sin entender qué pasó.
Me siento a la mesa y tomo mis
alimentos. Después de un pequeño descanso me entrego a la lectura, escucho música y llega ella… sigo
solo y logro terminar el día.
Finalmente pongo mi cabeza en la
almohada y despierto, al fin vivo mi
sueño.