Ya había comentado lo mucho que me gustan los días lluviosos, pero
siempre olvido algunas de las consecuencias de las temporadas de lluvia, más
allá de los inconvenientes de posibles inundaciones, de la caprichosa humedad y
molestas entradas de agua indeseada que puede echar a perder libros, muebles,
etc. Otra secuela de la lluvia y la humedad en el ambiente son los insectos,
no vayamos lejos, anoche procedía ya a hacer la cama para dormir, todo parecía
normal, pero al colocar mi cabeza en la almohada una nube de polillas apareció
volando aparentemente de la nada, arremolinándose, primero en los focos de la
habitación y de cualquier otra bombilla que osara encenderse, luego cayendo sobre
la cama aterrizando sobre piernas y brazos, algunas ya sin alas se convulsionaban
sobre el piso o sobre la superficie donde cayeran. En fin, la más horrenda
pesadilla de Pinocho, me lo imagino aterrado bajo las sábanas esperando a que
el mal momento termine.
Bueno, yo no soy Pinocho ni estoy hecho de madera, pero puedo
entender su pavor en esa situación, era realmente de una película de espanto, el
lavabo del baño parecía un excitado hormiguero, algo había que hacer, comencé
cerrando las ventanas, osada movida porque el calor arreció como primera
defensa de los lepidópteros, luego apagué las luces dejando únicamente las lámparas
del baño encendidas, cambiando así el lugar del campo de batalla, ya a oscuras no podía ver claramente las
pérdidas enemigas. La noche pasó tranquila. Para colmo, me sentía muy cansado y mi gallo
se durmió, cuando abrí los ojos este domingo, ya eran las ocho de la mañana, me
levanté y pude observar a “los caídos" de la noche anterior, me dirigí al
baño y ¡válgame Dios! Era increíble la alfombra de insectos, algunos aún
tratando de sobrevivir después de semejante fragor.
Volvamos a la realidad, nada que escoba y trapeador no solucionen, para
esos pobres animalitos era su último resquicio para asegurar su futuro como
especie, la empresa es encomiable y los caídos instintivamente valientes.