“Leer es una forma de estar ahí”,
dice José Saramago, pues bien, he estado en Tokio en una pequeña cafetería
llamada funiculi funicula, no he viajado en el tiempo de la forma que se
describe en este libro, pero, como siempre, todo lo que leo me deja pensando…
Antes de que se enfríe el café,
sí, rompiendo todas las reglas que el libro impone, o casi todas, sé
exactamente a quién visitaría en el pasado. A mi pasado específicamente, eso sí,
tal y como a los viajantes de dicha cafetería se les advierte. Conocí a un chico
asustadizo que solía sentarse en las escaleras de la primaria donde estudiaba para
mirar correr a sus compañeros, se preguntaba por qué corrían, solo
y callado, no recuerdo bien si fue a partir de tercero o cuarto de primaria, eso
sí, siempre solo. Se dijo a sí mismo que todo cambiaría en secundaria, y en todo
ese periodo escolar se la pasó tratando de hacerlo posible, llegó a
bachillerato y pensó que lo había logrado… terminó la carrera y años más tarde
se percató que no, no le fue posible incorporarse con los chicos que corren, solo se engañó a sí mismo porque nunca entendió por qué corrían…Me presentaré ante él, quizás sobre
aquellas viejas escaleras de la primaria, con el griterío de los chicos
corriendo como fondo, y le diría…o quizás él me dirá algo.
Antes de que se enfríe el café regreso,
por supuesto el presente no ha cambiado…