sábado, 11 de septiembre de 2021

Sábado

 


Debo admitir que el sábado se ha convertido en mi día favorito. Así como los judíos, el shabat lo inician al caer el sol del viernes, para mí también da inicio, aunque en mi caso no es religioso, es de relajamiento mental y físico, pero a diferencia de los judíos el mío no termina al atardecer del sábado, ¡qué desperdicio!, más bien como se dice por ahí, se acaba  hasta que se acaba; durante el  domingo, de manera inconsciente, ya hay una especie de preestrés, pensando en que el sábado se acabó, el descanso resulta ser entonces saber que pasado mañana “no hay nada qué hacer” y que durante el domingo todo se acaba, es lo que hay…. En retrospectiva, ahora que lo pienso siempre ha sido así conmigo, desde la escuela, por lo que en términos prácticos mi sábado termina con los primeros rayos de sol del domingo, “Dominus Dei”, que en ocasiones resulta “ominoso Dei”.

Trato de levantarme temprano, pero a veces al cansancio de la semana no le basta el “presábado” para salir de mi cuerpo y debo optar por una especie de exorcismo. Primero tomo una ducha, en ocasiones con eso basta, pero hay dias en que el demonio del cansancio toma fuerzas del mismísimo Belfegor y se aferra fuertemente a mí, entonces hay que acudir a las armas de fuerte calibre, apelo a la sagrada oración de la música y al agua bendita del café, que con sus delicadas notas y deliciosos aromas terminan por espantar definitivamente a tan despreciables entes. 08:30 h ¡Al fin despierto!  ¡por supuesto que no siempre es así!, hay sábados en que al despuntar ya estoy listo y después de mi cafetosa rutina la lectura me pone dispuesto para la talacha sabatina…

¡A darle! Hoy necesité doble exorcismo.

Ni modo…

 

domingo, 5 de septiembre de 2021

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 !Solo necesito un motivo....y no lo encuentro...!

Una taza rota


Aún recuerdo muy bien el día; 9 de diciembre de 1980, estaba sentado en una de las bancas de la escuela, cursaba el segundo de secundaria, no logro recordar exactamente qué estaba haciendo en esa banca solo sé que me encontraba solo cuando uno de mis compañeros se aceró y me preguntó:

 -- oye loco, ¿supiste que anoche mataron a John Lennon?, sí, anoche durante el partido de “americano” dieron la noticia, te comento porque te gustan los Beatles.

--- Sí, me enteré, ¡Qué mala onda!

Lo cierto es que no sabía; nunca he sido fanático de los deportes, estaba en el equipo de atletismo de la escuela y veía solo los partidos que consideraba estarían interesantes pero no era muy seguido, no quería quedar como tonto por no estar viendo tan importante partido. Sin embargo, la noticia sí me afectó, no me deprimió ni nada por el estilo solo me puso a reflexionar que aquellos señores que gustaba de escuchar eran de carne y hueso, nunca lo había pensado así, solo ponía los dos cassettes que había en casa y me transportaba, era como si ellos vivieran en otro mundo y al escucharlos podía estar con ellos, me imaginaba tocando la guitarra y cantando juntos, y así, de repente todo ese mundo se cae, solía estar cómodo en mi mundo de ensoñaciones, el problema era cuando chocaba con la realidad. Mientras en el mundo real se sobrevino todo un fenómeno, de repente los discos tan escasos que había de los Beatles en el mercado florecieron, era tiempo de hacer negocio, en la radio varios programas exclusivamente del cuarteto sonaban todas sus canciones y hasta cosas que no habían salido al mercado, grabaciones raras, tomas falsas, etc., toda una ola de beatlemanía renacía. Fue cando aproveché para grabar más cassettes, claro está, en esta ocasión con horrendas voces de locutores interrumpiendo, indicando la hora a media canción o la rúbrica de la estación, aún con todo llegue a grabar cerca de diez cassettes que atesoraba, luego llegó la época de los Lp’s, cada disco costaba alrededor de doscientos pesos, prácticamente lo que me daban de gasto para la semana, en fin, como desesperado en lugar de ahorrar una parte semanalmente para poder comprar un disco tomaba la semana completa, la guardaba y era todo, caminaba todos los días a la escuela, ida y vuelta, no torta, no refresco, no nada y el sábado en la tarde salía corriendo a Chedraui para comprar un disco, y cuando compré los álbumes dobles, fueron quince días de aguantar sed hambre y calor además del cansancio que implicaba, estaba joven y aguantaba eso y más. Actualmente los dos álbumes y los cuatro discos que compré de esa manera se los regalé a mis hijos, y créame a pesar de que me gustó dárselos, al mismo tiempo experimenté un deseo de no hacerlo por todo lo que había implicado conseguirlos y lo que significaban.

Ya cuando trabajaba y con el auge de la internet, prácticamente conseguí todo de ellos, o casi todo, y esta vez la ventaja es que lo puedo compartir y dar sin tener que quedarme sin nada, claro son otros tiempos y lo veo de manera diferente, aunque aún me escapo a mi mundo con ellos a tocar y cantar, no pasa un día sin que no escuche algo de ellos y de Beethoven, por supuesto.

Hace un par de años en un intercambio de regalos me obsequiaron una taza personalizada con una fotografía de ellos, el icónico cruce de Abbey Road, me encantó y la tengo siempre en mi escritorio o tenía, pues una lluviosa mañana no hace mucho, tuve a mal, mientras preparaba el café para ponerme a trabajar, de colocarla sobre una repisa de mi librero por descuido la coloqué muy a la orilla de la misma y  casi instantáneamente cayó rompiéndose el asa, se desportilló y el golpe le dejó una fractura que permitía filtrar líquidos, era inútil cualquier tipo de “cirugía “para volverla a la vida y así, solo me queda una taza rota y una hondonada de recuerdos que me hacen volver a vivir toda una época.

Conteos finales...

  Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...