Así estiman nuestras autoridades
el retorno a nuestras actividades “normales”, como inminente. Muchos lo ansían
o lo ansiamos con ahínco, pero a pesar del aislamiento y gracias a las redes
sociales se ha podido “hacer ligero” este encierro; y las noticias de las
personas con las que nos relacionamos siguen siendo casi diarias. Te enteras,
por ejemplo, que a fulanita le festejaron su cumpleaños por “zoom”, que tu
sobrino se graduó de ingeniero y fuiste capaz de ver el evento por “YouTube”, que
F se enfermó de COVID 19, que la vecina de atrás murió de lo mismo, que el compañero
que en la oficina tiene su escritorio frente al tuyo tuvo que velar con tan
solo quince días de diferencia a sus padres aquejados de este mal, del que
algunos aún dudan su existencia. La vida sigue y siempre deja la impronta de
aquellas experiencias que nos cambian. Sí, regresaremos y no regresaremos a la
vida de siempre, no serán las mismas aulas, la misma escuela, las mismas
personas, serán otras; siempre queridas, quizás aún más, porque el encierro fue
capaz de, a pesar de la distancia, reforzar el vínculo del cariño y la amistad,
pero no las mismas. La vida, así como lo decía el “filósofo llorón” será otra y
nosotros también.
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