viernes, 23 de abril de 2021

Tiempos de vacunas

 

Hace ya algunas décadas, estando toda una generación en tercero o cuarto de primaria; un día cualquiera llega la maestra al salón de clases y les dice a los niños

 --- ¡Salgan al patio y hagan una fila hacia la dirección!

Los niños, algunos eufóricos, otros con incertidumbre, salieron a formarse. Después de unos minutos vieron entrar a dos enfermeras cargando sendas hileras y la pesadilla para algunos de los presentes inició. ¡Nos van a vacunar! Comenzó inmediatamente el rumor. Los de atrás no alcanzaban a ver lo que acontecía en la dirección, ya con el rumor en la cabeza, azorados intentaban ver para cerciorarse de lo que se les había hecho saber sólo como bisbiseo, hasta que el silencio fue roto por un llanto, todos vimos salir de la dirección a Juanito, presionando un algodón sobre su brazo izquierdo y la maestra Teresa sosteniéndolo de los hombros, quien para consolarlo le ofrecía una paletita de dulce. Y así, uno a uno nos vimos obligados, cuales reos llevados al paredón, a desnudar el brazo para recibir el “tiro de gracia" de manos de una malencarada enfermera.

Al llegar a casa nuestra queja contra la escuela no se hizo esperar.

--- mamá, mamá ¡nos vacunaron en la escuela! ¡no nos avisaron!

A lo cuál nuestra madre contestaba. --- ¿Y? es por tu bien, no sea “chillón” que es solo un piquetito que no duele.

Al ver nuestra queja echada por tierra, solo nos quedaba el recurso del silencio. Nos sentamos en la mesa y para nuestra sorpresa en ese día nefasto habían guisado nuestra comida favorita, al terminar, mamá nos hacía tomar un “mejoralito” y nos mandaba a la cama, con nuestro brazo adolorido, esa tarde no había tarea ni deberes en casa.

Hoy, después de tantos años me encuentro aquí, formado voluntariamente a una “dirección” imaginaria donde decenas de enfermeras, con sus consabidas hieleras cargadas de jeringas de alto calibre y “letales dosis”, están prestas ha realizar su “tiro de gracia”. En esta ocasión sí hubo aviso, pero los rumores continúan. “Que si nos implantan un ship”, “que es la vacuna chafa”, “que si nos va doler la cabeza”, “nos va dar fiebre”, …. Y un largo etcétera desde fundamentados argumentos hasta los más ridículos.

En esta ocasión no estará la maestra Teresa para ofrecernos un dulce, no estará nuestra comida favorita en casa como velado premio a nuestra “valentía” y a la angustia escondida de nuestras madres. Así pues, vemos cómo ante lo desconocido, ante lo que está fuera de nuestro control, ante lo que no entendemos, desde lo más íntimo de nuestra alma, asoma ese niño asustado que vive en nosotros y que hemos olvidado. Ahora solo nos resta apapacharlo nosotros mismos.

 

Conteos finales...

  Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...