jueves, 19 de abril de 2018

De museo




El fin de semana pasado salí de la ciudad; visité el pueblo mágico de Orizaba,  ciertamente solo estuve unas horas por el compromiso que previamente había adquirido en otro lugar cercano pero pude visitar el museo de las leyendas. Situado en el centro de la ciudad en un antiguo edificio que como dice y hace constar el propio museo, en otro tiempo fue sede de un reclusorio donde por algún tiempo se fraguaron funestas y extrañas historias que se cuentan (o mejor dicho se leen) en el recorrido del edificio.
Al entrar en el recinto, inmediatamente se embriaga uno de una atmósfera expectante, llena  de magia y misterio, transportándonos a tiempos lejanos y desconocidos, el sitio nos cuenta historias, algunas fantásticas, otras… ¡bueno! Otras, mezcladas de fantasía y llenas de realidad nacidas de eventos no tan ficticios y cuyo folclor ha sabido llenarlas de entresijos. Y así,  camina uno por esos lustrosos pasillos recorriendo historias, entes, personajes y criaturas que llevan a nuestra mente poco a poco hacia lugares recónditos de la colonia y  nos llena de asombro, sorpresa y emoción. 

Pues bien, venía yo entrando a una de las últimas salas del museo, en ella se  encontraba un montaje donde aparecen dos jóvenes elegantemente ataviados con vestimenta del siglo XVIII; él, asiendo un ramo de violetas lo ofrece en prenda de su amor a la joven. Apenas iniciaba a leer el desarrollo de la leyenda, cuando un joven de porte elegante e igualmente vestido a la usanza del tiempo mostrado en la representación se dirigió hacia mí con pulcro y colorido lenguaje invitándome a que escuchara de sus labios el relato que se veía escenificado. Y continuó, -- Él – mencionó el joven, -- Se llamaba Antonio, de origen español y acaudalado, se había instalado en el incipiente pueblo de Orizaba con su familia, ella –Prosiguió – de nombre Gertrudis y de origen más humilde que él, oriunda del lugar, había cometido el injurioso delito de haber puesto su corazón en este joven español…-- y así, prosiguió contando con tal vehemencia la historia, al punto de casi culminar en llanto cuando describe el triste desenlace de aquellos jóvenes amantes. Ya libre del paroxismo en que se vio inmerso durante su relato, me preguntó, que qué tal me había parecido aquella triste historia y si la había vivido como él la había sentido durante su narración. Le comenté que en verdad era hermosa y triste a la vez, el me interrumpió diciendo que su propósito era que nadie la olvidara, que un amor así era digno de realizarse y vivirse eternamente. Yo le pregunté por qué como guía del  museo no había iniciado el recorrido desde el inicio  y contara todas las leyendas representadas en él, pero no contestó nada, yo dirigí mi mirada a los maniquíes que en aquella escenografía representaban a Antonio y Gertrudis, observé los detalles, la pintura que nos describía las viejas calles empedradas de aquella época; al volver la vista nuevamente donde había estado de pie aquel joven que me había deleitado con su relato ya no es encontraba y no se le veía cerca, ni en la próxima sala que se podía ver a lo lejos. Pensé, ¡qué extraño¡ pero debía continuar mi recorrido pues se hacía tarde.  Al llegar al final de la sala observé en la pared un viejo óleo, en él se veía un joven elegante y bien parecido, vestido de la misma manera que aquel extraño guía o relator de historias y al observar  detalladamente el cuadro me di cuenta que el parecido con el joven cronista  era extraordinario, ¡claro, no podía ser¡ aquella pintura claramente era muy antigua. Los ojos del joven en el cuadro parecían seguirme y me recordaban ciertamente los tristes y humedecidos  ojos del narrador. ¿Será posible?...
Bueno, al salir del museo fue como volver en el tiempo, de aquellos  mágicos lugares, personajes entrañables y extrañas criaturas; regresé a un mundo frío, siempre lleno de prisas y de leyendas olvidadas. Ahora lo sabemos todo…pero hemos olvidado lo esencial.

jueves, 12 de abril de 2018

Un día normal


Me levanto presuroso; se hace tarde, la fila de autos en la calzada es larga, todos tienen prisa, los observo y da la impresión  que creen vehementemente que el mundo gira alrededor de su tiempo, los demás no importamos.
Llego a la oficina y vuelve el frenesí, me entrego al ritual del que hacer, rutina esclavizante que engullo para olvidar mi existencia, trato de hacer mi trabajo y recibo el oprobio del prójimo por hacerlo. Finalmente logro sobrevivir las horas de la jornada y regreso a casa, cansado, abatido, con un dejo de satisfacción y sin entender qué pasó.
Me siento a la mesa y tomo mis alimentos. Después de un pequeño descanso me entrego a la  lectura, escucho música y llega ella… sigo solo y logro terminar el día.
Finalmente pongo mi cabeza en la almohada y despierto, al fin  vivo mi sueño.

jueves, 22 de marzo de 2018

De sinos y causas


De sinos y Causas

No creo en los sinos, las cosas suceden por un efecto causal, acción y efecto.
Me entristece mi pueblo, desde sus inicios se gestó  siempre oprimido, primero hace 500 años llegaron los españoles a colonizarlo, como hombres de su tiempo y a la usanza de los imperios que predominaban en el siglo XVI el proceso fue sangriento, ellos consideraron esta tierra como suya, como su propiedad, no como su patria y en esa propiedad venia incluida una multitud de esclavos, mano de obra a quien explotar y así hasta el siglo XIX, cuando los mestizos se sintieron con más derechos que los insulares; pues ellos habían nacido en esta su tierra, pero seguía sin ser su patria ellos eran solo Españoles que incidentalmente habían nacido aquí, se gesta la independencia, movimiento que se ganó con mucho esfuerzo, y no lo niego, con hombres y mujeres que se la jugaron con todo, podemos citar a Morelos, Guerrero, Leona Vicario, en fin… pero al final, ellos solo fueron instrumentos de una libertad sesgada, seguían soñando en ultramar y ésta propiedad suya no era su patria y el pueblo que vertió su sangre en esas lucha esperando poder hacer de su tierra algo grande siguió  oprimido.
Finalmente llega el siglo XX y nuevamente se da otra oportunidad de renacer,  como ave fénix, de las cenizas de una nación oprimida ahora no por extranjeros sin por propios que soñaban con ser extranjeros. Vuelve la sangre, millones de vidas arrojadas al sacrificio con el fin de forjar una verdadera nación independiente y grande, 10 años de lucha contra un dictador que salvo los primeros 6 meses de iniciad la contienda nunca estuvo ya en el país, la guerra se tornó entonces ya no para liberar si no para ver quién sería el próximo opresor. Y concluyó al fin con una democracia simulada, al principio hubo hombres que parecía querían hacer algo por ella, pero llegaron sus hijos que heredaron la tierra, nuevamente como propiedad, no como nación y continúan soñando ser en  extranjeros, estudian en él, no conocen su historia, no les preocupan sus habitantes, son, al fin y al cabo, solo mano de obra barata qué vender… y continuará no se hasta cuando, clase política que ve con desprecio a la raza de bronce que es su sustento. El país es nuestro y si a ellos no les importa a nosotros debe importarnos, dejemos ya la abulia.
¡Despertemos! Demostremos amor a nuestro terruño, es  nuestra patria, es decir somos hijos de ella no extranjeros. Patria viene de padre, relativo a nuestros padres o antepasados. Es tiempo de pensar en ellos y en nuestros hijos. Heredémosle pues un mundo mejor que el que nos tocó vivir.

Conteos finales...

  Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...