Argenta luna,
mi ventana os extraña,
con tu lucero, no has vuelto
a iluminar mi oscura habitación.
Argenta luna,
mi ventana os extraña,
con tu lucero, no has vuelto
a iluminar mi oscura habitación.
Maravillosas metáforas las
palabras,
lo mismo veneran que zahieren
y en unos cuantos trazos guardan
todo significado.
Ya Borges habló del arquetipo
y si todo el Nilo cabe en cuatro
letras.
Un universo entero tu nombre
alberga.
Ciertamente
Víctor Frankenstein debió pensar, --- poder hacer algo, no necesariamente quiere
decir que debamos hacerlo ---, la novela me enseña que todo lo que hacemos, cada
uno de nuestros actos nos reclaman siempre consecuencias que nos persiguen toda
la vida. Sin embargo, la queja de la criatura, en su enorme e injusta soledad
es válida, por otro lado, y por duro que sea, siempre hay otra opción que no
sea la venganza.
Víctor
Frankenstein actuó como todo creador al ver la mala decisión de su criatura; acaso no actuó así el
dios de los judíos ante Sodoma y Gomorra, ante la humanidad entera, al provocar
el diluvio y del cual únicamente salva a Noé y su familia, lo mismo Zeus al
provocar el diluvio griego en el que el Titán Prometeo salva a su hijo y su
familia del diluvio indicándoles que debían hacer una gran barca (según la
mitología griega, ¿casualidad o semejanza en los mitos? No lo sé).
Así el ser
humano al tomar consciencia de sí mismo se siente solo, nuestro creador nos abandona
ante un mundo inhóspito y cruel, la diferencia es que nosotros no estamos del
todo solos, nos hacemos compañía, formamos familias, tribus, comarcas, ciudades,
etc. El reclamo, pues, también es válido. Como animales sociales, necesitamos
forzosamente pertenecer, por eso en la historia vemos lo cruel y duro que llega
a ser, para grandes hombres, que sus sociedades los condenen al ostracismo, al exilio
o al destierro. Es duro sentir cómo eres arrancado o no aceptado en donde por
derecho propio perteneces.
En fin, el
diálogo que la criatura tiene con Víctor en los Alpes me sigue fascinando. Una
gran novela y en cada relectura encuentro siempre algo nuevo para reflexionar.
Que me haya venido a la memoria esta
frase no es una coincidencia; hace un par de semanas mi laptop, como
presintiendo los azotes de viernes santo, expiró, ya no quiso prender, solo
aparecía en pantalla un color azul como indicación de error fatal. Pues bien,
también con visos de pascua resucitó, con un cambio de disco duro quedó como
nueva. Debido a lo anterior me puse a revisar la información que tenia tanto la
laptop como el mi disco duro externo para revisar qué tanto puedo respaldar y
depurar toda la información; en este viaje al pasado cibernético de mi equipo
encontré además de foto viejas, documentos inútiles, libros en PDF que nunca
leeré, música que desde que la descargué no he escuchado y escritos que ya
había olvidado que escribí. Hubo uno del 2011 que llamó mi atención, lo que me
llevó a escribirlo no lo recuerdo, pero salta a la vista un cambio de
pensamiento en mí, lo curioso es que sigo estando de acuerdo en la premisa
principal del escrito, lo que me resulta extraño son los argumentos con los que
defiendo la premisa, ya no son los mismos que utilizaría hoy, esos viejos
argumentos me resultan con sesgo religioso y crédulo, no los usaría hoy, pero
sigo estando de acuerdo con la premisa, no cambié solo “evolucionó” mi forma de
ver el asunto, pero el resultado es la misma convicción, ¿Cambié? O únicamente
estoy viendo la misma imagen a través de un cristal diferente…Seguramente, tal
y como dice el Dr. House, las personas no cambian, solo sus perspectivas a través
del cual ven la vida, cada día que pasa se nos va coloreando el cristal con que
la vemos y nos parece que cambiamos, pero no… seguimos siendo los mismos, es
nuestra naturaleza y ante ella la intrínseca personalidad con la que la misma
nos crea.
Somos los mismos de siempre.
“Leer es una forma de estar ahí”,
dice José Saramago, pues bien, he estado en Tokio en una pequeña cafetería
llamada funiculi funicula, no he viajado en el tiempo de la forma que se
describe en este libro, pero, como siempre, todo lo que leo me deja pensando…
Antes de que se enfríe el café,
sí, rompiendo todas las reglas que el libro impone, o casi todas, sé
exactamente a quién visitaría en el pasado. A mi pasado específicamente, eso sí,
tal y como a los viajantes de dicha cafetería se les advierte. Conocí a un chico
asustadizo que solía sentarse en las escaleras de la primaria donde estudiaba para
mirar correr a sus compañeros, se preguntaba por qué corrían, solo
y callado, no recuerdo bien si fue a partir de tercero o cuarto de primaria, eso
sí, siempre solo. Se dijo a sí mismo que todo cambiaría en secundaria, y en todo
ese periodo escolar se la pasó tratando de hacerlo posible, llegó a
bachillerato y pensó que lo había logrado… terminó la carrera y años más tarde
se percató que no, no le fue posible incorporarse con los chicos que corren, solo se engañó a sí mismo porque nunca entendió por qué corrían…Me presentaré ante él, quizás sobre
aquellas viejas escaleras de la primaria, con el griterío de los chicos
corriendo como fondo, y le diría…o quizás él me dirá algo.
Antes de que se enfríe el café regreso,
por supuesto el presente no ha cambiado…
Y se me fue la vida,
guardé mis mejores versos para ti,
acumulé grandes alegrías para ti,
los más estupendos recuerdos…
Y no llegaste…
Y se me fue la vida,
Corté las rosas más fragantes
Las canciones más amorosas canté
Las más grandes esperanzas en ti planté
Y no llegaste
Y la vida así me hace saber,
en medio del hastío crepuscular,
Que fui yo, quien de tanto esperar,
te dejé pasar
Juanito, como cada año, se
encuentra listo para el viaje, va a visitar a sus papas. Siempre con cierto
aire de nostalgia y temor, no los conoció bien, se fue con los abuelos desde
muy chico, a los 7 años, los escucha decir. A él le da gracia eso, siete años…
¿A qué se referirán con eso? Para Juanito el tiempo no corre. Siempre
acompañado de su perro; escaso de pelo, de trompa larga y algunos risos que
forman un tupé en medio de las orejas, nunca ladra solo emite algunos chillidos
como una especie de aullidos, pero nada más, eso sí siempre expectante para
cuidarlo en sus aventuras.
En el viaje va con varias
familias, muchas de ellas solo las ve precisamente en la peregrinación anual,
sus abuelos se ponen alegres al ver a los viejos amigos, a él le aburren las
charlas de adultos pero se entretiene durante el trayecto con las luces que
han puesto en el camino, luces que le hacen recordar otros tiempos, evoca
aromas, juegos, amigos. Todo el camino iluminado parece un cielo plagado de
estrellas y que como marinero en alta mar lo van guiando a su destino, una leve
bruma como de millones de sahumerios acompañados de aromas de especias y flores
se posa sobre el camino augurando un viaje tranquilo. Más adelante se observa una
suerte de fuego dorado, un océano de flores sobre el cual revolotean como
mariposas millones de papeles multicolores aportando un hermoso espectáculo al
paisaje, señal que su destino está cerca.
Finalmente llegan a la casa de
sus papás, no ha cambiado mucho desde la última vez que la visitó, un nuevo jardín
al fondo, dónde se encontraba el viejo taller del abuelo, y el frente
ha sido pintado de un amarillo brillante en vez del blanco aburrido que solía
tener, son todos los cambios, el cuarto donde dormía está intacto.
--- ¡Juanito! --- gritan sus abuelos---
Su perro meneando la cola le
hace saber que lo buscan, pero se toma su tiempo recorriendo la casa, observa
sus viejos juguetes, su trompo y su bote de canicas le hacen sentir una cascada
de alegres recuerdos que solo en este viaje logra rememorar y abstraerlo de su
feliz estancia con sus abuelos. Regresa y observa que la mesa está puesta,
dulces para el y su comida favorita, chocolate de molinillo, pan dulce, la coquita
para la abuela no podía faltar y el “caballito” de tequila para Don Melquiades,
su abuelo. Observa las viejas fotografías y todo lo hace feliz. Corre por toda
la casa con su fiel Xolo y mira contento a sus papás y por extraños sortilegios
logra en sueños charlar con ellos. Ya cerca de la alborada sus abuelos lo instan a despedirse, ve tristes a sus padres y no entiende el por qué, pues él
es feliz y ellos deberían serlo también. Corre a los brazos de su abuelo.
--- Abuelito Mel, ¿Por qué están tristes papá y mamá? No entiendo, ellos siempre me dijeron que estaría muy feliz con ustedes y es verdad. --- Don Melquiades, con ese aire de sabiduría que solo los abuelos pueden tener, se quita su viejo y ajado sombreo, lo mira con sus oscuros ojos, y le dice:
---Así son las personas en este mundo, se aferran a su fugaz
existencia y tratan de convencerse ellos mismos que al dejarlo se estará mejor,
pero no se atreven a aceptar que eso pasará y que efectivamente al ser parte de
la creación deben cumplir con un insondable destino, pero al no entenderlo
tienen miedo y lloran por los que nos hemos ido, más por egoísmo y por no saber
lo que ocurre después. Creen que nos vamos, pero mientras nos lleven en su
mente y su corazón aquí estaremos acompañándolos siempre, deben aprender a
recordarnos alegres por que fuimos felices y si lo fuimos entonces lo somos ahora y
siempre en cada recuerdo que emane de su alma.
Despunta el alba y la
peregrinación regresa de donde insondablemente emana, del recuerdo de las
gentes que los ama.
Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...