domingo, 10 de abril de 2022

Las personas no cambian


 

Las personas no cambian”, dice el Dr. House, ese personaje televisivo que me encanta.

Que me haya venido a la memoria esta frase no es una coincidencia; hace un par de semanas mi laptop, como presintiendo los azotes de viernes santo, expiró, ya no quiso prender, solo aparecía en pantalla un color azul como indicación de error fatal. Pues bien, también con visos de pascua resucitó, con un cambio de disco duro quedó como nueva. Debido a lo anterior me puse a revisar la información que tenia tanto la laptop como el mi disco duro externo para revisar qué tanto puedo respaldar y depurar toda la información; en este viaje al pasado cibernético de mi equipo encontré además de foto viejas, documentos inútiles, libros en PDF que nunca leeré, música que desde que la descargué no he escuchado y escritos que ya había olvidado que escribí. Hubo uno del 2011 que llamó mi atención, lo que me llevó a escribirlo no lo recuerdo, pero salta a la vista un cambio de pensamiento en mí, lo curioso es que sigo estando de acuerdo en la premisa principal del escrito, lo que me resulta extraño son los argumentos con los que defiendo la premisa, ya no son los mismos que utilizaría hoy, esos viejos argumentos me resultan con sesgo religioso y crédulo, no los usaría hoy, pero sigo estando de acuerdo con la premisa, no cambié solo “evolucionó” mi forma de ver el asunto, pero el resultado es la misma convicción, ¿Cambié? O únicamente estoy viendo la misma imagen a través de un cristal diferente…Seguramente, tal y como dice el Dr. House, las personas no cambian, solo sus perspectivas a través del cual ven la vida, cada día que pasa se nos va coloreando el cristal con que la vemos y nos parece que cambiamos, pero no… seguimos siendo los mismos, es nuestra naturaleza y ante ella la intrínseca personalidad con la que la misma nos crea.

Somos los mismos de siempre.


 

 

sábado, 29 de enero de 2022

Antes de que se enfríe el café

“Leer es una forma de estar ahí”, dice José Saramago, pues bien, he estado en Tokio en una pequeña cafetería llamada funiculi funicula, no he viajado en el tiempo de la forma que se describe en este libro, pero, como siempre, todo lo que leo me deja pensando…

Antes de que se enfríe el café, sí, rompiendo todas las reglas que el libro impone, o casi todas, sé exactamente a quién visitaría en el pasado. A mi pasado específicamente, eso sí, tal y como a los viajantes de dicha cafetería se les advierte. Conocí a un chico asustadizo que solía sentarse en las escaleras de la primaria donde estudiaba para mirar correr a sus compañeros, se preguntaba por qué corrían, solo y callado, no recuerdo bien si fue a partir de tercero o cuarto de primaria, eso sí, siempre solo. Se dijo a sí mismo que todo cambiaría en secundaria, y en todo ese periodo escolar se la pasó tratando de hacerlo posible, llegó a bachillerato y pensó que lo había logrado… terminó la carrera y años más tarde se percató que no, no le fue posible incorporarse con los chicos que corren, solo se engañó a sí mismo porque nunca entendió por qué corrían…Me presentaré ante él, quizás sobre aquellas viejas escaleras de la primaria, con el griterío de los chicos corriendo como fondo, y le diría…o quizás él me dirá algo.

Antes de que se enfríe el café regreso, por supuesto el presente no ha cambiado…



jueves, 4 de noviembre de 2021

Y se fue…

 

Y se me fue la vida,

guardé mis mejores versos para ti,

acumulé grandes alegrías para ti,

los más estupendos recuerdos…

Y no llegaste…

 

Y se me fue la vida,

Corté las rosas más fragantes

Las canciones más amorosas canté

Las más grandes esperanzas en ti planté

Y no llegaste

 

Y la vida así me hace saber,

en medio del hastío crepuscular,

Que fui yo, quien de tanto esperar,

te dejé pasar

 

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

La peregrinación

 


    



Noviembre 2021


Juanito, como cada año, se encuentra listo para el viaje, va a visitar a sus papas. Siempre con cierto aire de nostalgia y temor, no los conoció bien, se fue con los abuelos desde muy chico, a los 7 años, los escucha decir. A él le da gracia eso, siete años… ¿A qué se referirán con eso? Para Juanito el tiempo no corre. Siempre acompañado de su perro; escaso de pelo, de trompa larga y algunos risos que forman un tupé en medio de las orejas, nunca ladra solo emite algunos chillidos como una especie de aullidos, pero nada más, eso sí siempre expectante para cuidarlo en sus aventuras.

En el viaje va con varias familias, muchas de ellas solo las ve precisamente en la peregrinación anual, sus abuelos se ponen alegres al ver a los viejos amigos, a él le aburren las charlas de adultos pero se entretiene durante el trayecto con las luces que han puesto en el camino, luces que le hacen recordar otros tiempos, evoca aromas, juegos, amigos. Todo el camino iluminado parece un cielo plagado de estrellas y que como marinero en alta mar lo van guiando a su destino, una leve bruma como de millones de sahumerios acompañados de aromas de especias y flores se posa sobre el camino augurando un viaje tranquilo. Más adelante se observa una suerte de fuego dorado, un océano de flores sobre el cual revolotean como mariposas millones de papeles multicolores aportando un hermoso espectáculo al paisaje, señal que su destino está cerca.

Finalmente llegan a la casa de sus papás, no ha cambiado mucho desde la última vez que la visitó, un nuevo jardín al fondo, dónde se encontraba el viejo taller del abuelo, y el frente ha sido pintado de un amarillo brillante en vez del blanco aburrido que solía tener, son todos los cambios, el cuarto donde dormía está intacto. 

--- ¡Juanito! --- gritan sus abuelos---

Su perro meneando la cola le hace saber que lo buscan, pero se toma su tiempo recorriendo la casa, observa sus viejos juguetes, su trompo y su bote de canicas le hacen sentir una cascada de alegres recuerdos que solo en este viaje logra rememorar y abstraerlo de su feliz estancia con sus abuelos. Regresa y observa que la mesa está puesta, dulces para el y su comida favorita, chocolate de molinillo, pan dulce, la coquita para la abuela no podía faltar y el “caballito” de tequila para Don Melquiades, su abuelo. Observa las viejas fotografías y todo lo hace feliz. Corre por toda la casa con su fiel Xolo y mira contento a sus papás y por extraños sortilegios logra en sueños charlar con ellos. Ya cerca de la alborada sus abuelos lo instan a despedirse, ve tristes a sus padres y no entiende el por qué, pues él es feliz y ellos deberían serlo también. Corre a los brazos de su abuelo.

 --- Abuelito Mel, ¿Por qué están tristes papá y mamá? No entiendo, ellos siempre me dijeron que estaría muy feliz con ustedes y es verdad. --- Don Melquiades, con ese aire de sabiduría que solo los abuelos pueden tener, se quita su viejo y ajado sombreo, lo mira con sus oscuros ojos, y le dice: 

---Así son las personas en este mundo, se aferran a su fugaz existencia y tratan de convencerse ellos mismos que al dejarlo se estará mejor, pero no se atreven a aceptar que eso pasará y que efectivamente al ser parte de la creación deben cumplir con un insondable destino, pero al no entenderlo tienen miedo y lloran por los que nos hemos ido, más por egoísmo y por no saber lo que ocurre después. Creen que nos vamos, pero mientras nos lleven en su mente y su corazón aquí estaremos acompañándolos siempre, deben aprender a recordarnos alegres por que fuimos felices y si lo fuimos entonces  lo somos ahora y siempre en cada recuerdo que emane de su alma.

Despunta el alba y la peregrinación regresa de donde insondablemente emana, del recuerdo de las gentes que los ama.

sábado, 23 de octubre de 2021

Consecuencias de la lectura


Les comparto algo que me sucedió leyendo, por fin terminé el libro de los hermanos Karamázov y tomé dos libros de cuentos que apenas inicié, pero siempre leo algo de poesía entre lecturas y surgió esto que les comparto.

Hace unos días, leyendo un poema de José Emilio Pacheco, vi una frase que me causó una fuerte impresión. Así es esto de la lectura, surgen voces, fantasmas, impresiones o reflejos de dónde menos lo espera uno. En ocasiones son reconocimientos de nuestra propia alma, en otras, fracasos o deseos insatisfechos, ¡que se yo!, tantos sentimientos o proyecciones de nuestros propios intereses y quereres, anhelos, escapes, todo un mundo de sentimientos y pensamientos por los que finalmente podemos reconocernos, a través de los pensamientos y acciones de los  personajes que leemos, una vida a la que podemos finalmente, aunque sea de manera imaginaria, ofrecer  una solución que no somos capaces de darle en la realidad y nos libera, o en ocasiones, solo nos pone a pensar, que es lo único que podemos hacer cuando se llevan tantas cosas dentro y no sabemos cómo sacarlas.

En fin, como dice Pacheco:

                Bajo el calor el vaporoso río

                Iba siempre en camino al no volver”

 

Y mi pensamiento se encendió y no he podido apagarlo


sábado, 11 de septiembre de 2021

Sábado

 


Debo admitir que el sábado se ha convertido en mi día favorito. Así como los judíos, el shabat lo inician al caer el sol del viernes, para mí también da inicio, aunque en mi caso no es religioso, es de relajamiento mental y físico, pero a diferencia de los judíos el mío no termina al atardecer del sábado, ¡qué desperdicio!, más bien como se dice por ahí, se acaba  hasta que se acaba; durante el  domingo, de manera inconsciente, ya hay una especie de preestrés, pensando en que el sábado se acabó, el descanso resulta ser entonces saber que pasado mañana “no hay nada qué hacer” y que durante el domingo todo se acaba, es lo que hay…. En retrospectiva, ahora que lo pienso siempre ha sido así conmigo, desde la escuela, por lo que en términos prácticos mi sábado termina con los primeros rayos de sol del domingo, “Dominus Dei”, que en ocasiones resulta “ominoso Dei”.

Trato de levantarme temprano, pero a veces al cansancio de la semana no le basta el “presábado” para salir de mi cuerpo y debo optar por una especie de exorcismo. Primero tomo una ducha, en ocasiones con eso basta, pero hay dias en que el demonio del cansancio toma fuerzas del mismísimo Belfegor y se aferra fuertemente a mí, entonces hay que acudir a las armas de fuerte calibre, apelo a la sagrada oración de la música y al agua bendita del café, que con sus delicadas notas y deliciosos aromas terminan por espantar definitivamente a tan despreciables entes. 08:30 h ¡Al fin despierto!  ¡por supuesto que no siempre es así!, hay sábados en que al despuntar ya estoy listo y después de mi cafetosa rutina la lectura me pone dispuesto para la talacha sabatina…

¡A darle! Hoy necesité doble exorcismo.

Ni modo…

 

Conteos finales...

  Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...