viernes, 28 de agosto de 2020

Una taza de café

 

Una taza de aromático café

para compartir el bálsamo de la sinceridad

una taza de fuerte sabor amargo de café

para compartir la verdad.

 

Una taza de café caliente

Caluroso, como el cariño entrañable

de nuestra amistad

 

Así, cada mañana, al beber la sublime infusión

llena mi cabeza de su charla, de su voz, de su mirada...de su alma

Y no la extraño porque la llevo en el corazón.


lunes, 24 de agosto de 2020

Días de lluvia

 Día lluvioso, día melancólico, día de recuerdos gratos de mi niñez. 

Me veo en la vieja azotea de los departamentos del barrio, brincando en los charcos, con la cara al cielo, riendo, libre. Era de las pocas ocasiones en que mis pensamientos se alejaban de mi y me daba el lujo de disfrutar el frío de la lluvia en mi cara. Reía, gritaba, me abandonaba a merced de mi infantil danza alrededor de los tendederos y lavaderos, sobre el techo de la escalerilla. Empapado de libertad y alegría.


miércoles, 12 de agosto de 2020

 ¡Oh gentil alma!

que el don tienes

de enviarme a la más

terrible desesperación 

con un simple gesto.

Y volverme a la

esperanza

con una sola palabra

¿Qué pretendes?

¿O acaso soy yo el que pretende?...

sábado, 8 de agosto de 2020

Sino


Vuelta a la hoja, una vez mas.

Así como Dante, frente a la puerta 

del purgatorio, no vuelvas tu mirada

si al abismo no deseas volver.


Tampoco pertenecía ahí.

Como Apolo, seguiré

tras el laurel.

jueves, 23 de enero de 2020

<<¿Pero qué es la felicidad si no el simple acuerdo entre un ser y la existencia que lleva?¿Y qué acuerdo más legítimo puede unir al hombre a la vida si no la doble conciencia de su deseo de durar y de su destino mortal? Por lo menos ahí se aprende a no contar con nada por "añadidura".>>
-- Bodas (Albert Camus)

jueves, 27 de septiembre de 2018

Aquí


Estoy aquí, nuevamente, frente a todos y frente a nadie.
Hablando un lenguaje absurdo, utópico, de nadie.
Guiado por una razón, razón de nadie.
Y me escindo, me confundo, me aíslo, me pierdo;
rememoro mi niñez, mi juventud, mi madurez.
Y el ciclo se repite… y no entiendo.
Y me vuelvo en hostil y amargo juez.
Y el absurdo sigue… lo descubro,
me percato de la soledad en la que todos estamos envueltos,
sólo la descubres cuando abres los ojos, cuando reconoces
que no hay nada en especial, que solo eres el resultado de
la idiosincrasia pura de la naturaleza, que sólo tienes las armas
propias que por azar te han tocado.
Eres únicamente azar y no destino

domingo, 1 de julio de 2018

A modo de despedida


Cada vez que leo Cien años de soledad no puedo evitar recordar a mi padre. Así como me imagino a Don José Arcadio arrastrar un gran imán por todo el pueblo para encontrar oro y después  encerrarse en su viajo taller con el misterioso Melquiades tratando de arrancarle a la vida sus arcanos, a  él lo recuerdo en su taller, creando con un montón de fierros usados y algunas cosas que iba adquiriendo, distintas máquinas que se requerían en la casa para las reparaciones o innovaciones de la misma, así,  lo vi hacer un torno para madera, una máquina de soldar y una serie de aparatos que ya no recuerdo si funcionaron o no. Después cuando descansaba se metía en su estudio a leer antiguos libros de tornería, mecánica y algunas cosas raras de pirámides y energías.
No fue un hombre de consejos, solo de trabajos, todo lo que se necesitaba en el hogar (o gran parte de las cosas) se tenían que hacer o reparar en casa, así lo hizo la vida y la necesidad. Nadar contra corriente su gran legado, su responsabilidad en el trabajo y una búsqueda insaciable en aprender y meditar  en lo que creía. Fue su ejemplo lo que me forjó.
Apenas si terminó la primaria, sentía la necesidad de aprender y lo hacía de manera autodidacta. Sus gustos en la música también me marcaron, siempre que escucho a Beethoven (y lo hago casi a diario) lo recuerdo. José Alfredo Jiménez otro de sus gustos, quizás extremos pero así era él.
También de la misma manera que el viejo Don José llevaba a los niños Arcadio, Aureliano a ver a los gitanos y al viaje para encontrar una salida desde Macondo hacía el mar, así con las debidas reservas mi padre nos llevaba a mí y a mi hermano en la motocicleta a pasear, a viajar, a ver cosas extrañas o espectaculares, tanto como un niño pueda imaginar, así lo mismo al parque que al antiguo acuario, a la ciudad de México o a Antón Lizardo a dejarnos caer en las dunas…eran para mi grandes aventuras.
Por último,  así como el viejo  Arcadio terminó amarrado a un árbol, hablando con fantasmas y viviendo o conviviendo con sus recuerdos. De manera similar quedó atado mi padre, primero por su ceguera que lo limitó al espacio de la casa, ya no salía a caminar cómo tanto le gustaba, tenía que hacerlo con la supervisión de uno de mis hermanos, hasta que la mente le jugó extraño vuelco, postrado ya no solo en silla de ruedas sino también en su entendimiento. No  nos recordaba a todos o nos confundía, se sentía en la casa de su infancia o quería volver a ella, recordaba gente extraña o que yo jamás conocí, quería regresar, veía gente en la casa que nadie más veía, así hasta que ya no resistió más… eso si, se resistió, luchó todo lo que pudo como era su costumbre hasta que al fin… descansó.
Así lo recuerdo, siempre solo, jamás le conocí un amigo; en su taller trabajando en algo o en su recamara leyendo o en su estudio, que en los últimos años fue su habitación. Contra corriente hasta el final. Es extraño cómo uno no se percata en el parecido que se tiene con su padre, no solo rasgos físicos, formas de trabajar, de aprender, de luchar de mirar las cosas. Sé que nunca veré el mundo como él pero ahora entiendo cómo lo veía y sí, esa perspectiva me marcó
A un mes de su partida escribo éstas líneas a modo de despedida.

Conteos finales...

  Quizás sean estas fechas o únicamente la edad, pero… así resultan las cosas. Por motivos legales me vi obligado a buscar un documento, q...